"Nomás hay puros libros"- exclamo la señora X. Lo que no acabo de entender es qué otra cosa esperaba encontrar en una feria del libro. Tantas personas leyéndose entre sí; curioseando solapas equivocadas. Mirando con especial ahínco, esperando encontrar -no un milagro literario sino un- fotógrafo que imprimiera un retrato de su personaje, esperando ser narrados en la siguiente nota de sociales. Amen por estos eventos. Generadores de ficciones periodísticas: historias de personas cultas, y además, ¡elegantes! La feria del libro es una alegoría al pasaje de las buenas intenciones: una ópera de cantores librescos. Cantan: Todos Deberían Leer.